dimecres, 15 d’abril del 2009

Ahora creo llegado el momento de introducir la siguiente idea: hay muchachas, entre los nueve y los catorce años de edad, que revelan su verdadera naturaleza, que no es la humana, sino la de ninfas (es decir, demoníaca), a ciertos fascinados peregrinos, los cuales, muy a menudo, son mucho mayores que ellas (hasta el punto de doblar, triplicar o incluso cuadruplicar su edad). Propongo designar a esas criaturas escogidas con el nombre de nínfulas.

Debe advertirse que sustituyo las limitaciones espaciales por las temporales. De hecho, quisiera que el lector considerara "nueve" y "catorce" como límites -playas de aguas relucientes como espejos, rocas rosadas- de una isla encantada, reino de esas muchachas a las que denomino nínfulas, y rodeada por un mar vasto y brumoso. Entre esos límites temporales, ¿son nínfulas todas las niñas? No, desde luego. De lo contrario, los hombres capaces de penetrar ese secreto, es decir, los peregrinos solitarios, los ninfulómanos, se volverían locos. Tampoco es la belleza un criterio determinante, y la vulgaridad -o, al menos, lo que una comunidad determinada considera como tal- no daña forzosamente ciertas características misteriosas que dan a la nínfula esa gracia etérea, ese evasivo, cambiante, anonadante, insidioso encanto mediante el cual se distingue de sus contemporáneas que dependen incomparablemente más del mundo espacial de fenómenos sincrónicos que de esa isla de tiempo hechizado donde Lolita juega con sus semejantes.

Lolita, Vladimir Nabokov

2 comentaris:

Gemma ha dit...

Això és un cacauet

Lara ha dit...

ua! aquest llibre el vaig començar a llegir a la fnac l'altre dia... és una mica ics, no? jeje
ei, ei, n'he acabat un ara fa res que potser ja has llegit perquè és d'un profe de l'autònoma, que ja vuràs, em recorda al del paio d'antonia font! és molt molt raro i el final és molt molt bo, perquè el que és el principi...